lunes, 17 de septiembre de 2007

Qué mal...

El viernes pasado tuvimos la asamblea en mi escuelita, todos los maestros desde hacia un par de semanas habíamos preparado varios números artísticos, correspondiente al mes de la patria. Por cierto, me desagrada que me obliguen a hacer algo que no se. Cómo poner un bailable regional (si supieran que soy un tronco para bailar y eso no lo entiende mi señora milenaria, pero bueno, como quiera me salí con la mía e hice como todo grande maestro mexicano “aparente saber).
La maestra de primer grado (Chayito), hizo su tradicional bailable de todos los años, asombrando a los papás de sus alumnos, ante aquel bailable mexicano en versión de momias inmóviles, ya que los niños de primer grado todavía no afianzan la habilidad motriz, pero de todos modos arranca las risas enmuecadas junto con los flashes de las cámaras de los papás. Si supiera la maestra que nosotros a escondidas dentro de nuestro salón repetimos mil veces la misma rutina dentro del salón, me sentiría mejora al momento de reírme por sus tontas repeticiones. Pero, bueno los maestros tenemos un vicio (no hablo de las cheves y los cigarros, los maléficos), hablando de la práctica docente, nos aferramos a lo que creemos que nos funciona y no lo cambiamos. Por ejemplo, la maestra que menciono arriba, utiliza lo que conoce y le gusta, además la saca del apuro. Pero cuántas veces como maestros repetimos lo que conocemos y sabemos para salir del apuro, pero además nos aferramos y no cambiamos.
Somos tan cabezones…