
Había una vez una campesina que soñaba con ser presidente de una nación. Todos los días mientras salía al campo a arar la tierra, se dirigía al firmamento y gritaba a los cuatro vientos - ¡quiero ser presidente de este país!-.
Todos los campesinos de esas rancherías se burlaban de ella. Y una vez, en una fiesta a la que todos los habitantes de aquel lejano lugar se reunieron para bailar y beber, al verla entrar se burlaron de ella diciendo –tu piojosa, la más ignorante de todos, quieres ser presidenta, jajajajajaja, primero aprende a leer y a escribir- Ella, furia de rabia, espero a que terminara la fiesta, y a fuera del lugar, mató uno a uno a aquellos rancheros que se habían burlado de ella.
Llegó por fin su día.
Porque sus plegarias nunca era escuchadas, hasta que un día y por asares del destino, se apareció por aquellas rancherías un señor de ciudad (importante timador), que le vio cualidades que nadie le había visto jamás.
Todos los campesinos de esas rancherías se burlaban de ella. Y una vez, en una fiesta a la que todos los habitantes de aquel lejano lugar se reunieron para bailar y beber, al verla entrar se burlaron de ella diciendo –tu piojosa, la más ignorante de todos, quieres ser presidenta, jajajajajaja, primero aprende a leer y a escribir- Ella, furia de rabia, espero a que terminara la fiesta, y a fuera del lugar, mató uno a uno a aquellos rancheros que se habían burlado de ella.
Llegó por fin su día.
Porque sus plegarias nunca era escuchadas, hasta que un día y por asares del destino, se apareció por aquellas rancherías un señor de ciudad (importante timador), que le vio cualidades que nadie le había visto jamás.
Ella le contó su sueño a este señor y le respondió -primero tienes que ser secretaria de educación-. Empezaras con ser maestra.